Y tú, ¿cómo lo ves?

Desde la psicología, se han creado muchas teorías sobre cómo nos comportamos y las causas de estos comportamientos. Cada una lo hace desde un enfoque distinto. La mente humana es algo muy complejo y ninguna teoría puede explicarla en su totalidad, pero de cada modelo explicativo tenemos algo que aprender.

Desde esa perspectiva, quiero enfocar una serie de artículos para intentar mostrar, de forma lo más sencilla posible, ideas clave para comprendernos mejor, para ser más conscientes de cómo pensamos, sentimos y nos comportamos.

En una entrada anterior he presentado los fundamentos del eneagrama. En ésta hablaré de uno de los modelos terapéuticos más utilizados y validados en la actualidad: la terapia cognitiva.

Decía el gran filósofo griego Epícteto: “No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”. Y otro pensador y poeta, más próximo a nosotros, Ramón de Campoamor: “Y es que en el mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Mucha verdad hay en esto, y de esa idea, parte la esencia del modelo cognitivo, que postula lo siguiente:

  • Las personas estamos constantemente procesando información de nuestro entorno, con el objetivo de entender cómo funciona todo (el mundo, nosotros y las demás personas que nos rodean) y poder así interactuar y gestionar los problemas de forma eficaz.
  • La información que almacenamos y procesamos en nuestra infancia, a partir de experiencias personales y de la influencia de nuestra cultura, tendrá un papel destacado en nuestra manera de entender el mundo y de reaccionar ante él. Esta información la vamos enriqueciendo y moldeando a lo largo de los años.
  • Esta “base de datos” conforma una serie de creencias fundamentales que se activarán ante una situación determinada para ayudarnos a interpretarla y reaccionar, a veces de forma automática, sin apenas control por nuestra parte, y otras a través de un proceso más pausado y reflexivo. El modo automático se activa, sobre todo, cuando percibimos un peligro o amenaza (real o imaginada) a la que suponemos debemos reaccionar rápidamente.
  • Esas creencias no son más que formas de interpretar la realidad (con hipótesis más o menos acertadas sobre ésta) pero no son la realidad misma. O como dice el lingüista Alfred Korzybski, el mapa no es el territorio: cada uno tenemos nuestra propia “verdad” sobre las cosas. Por ejemplo, alguien puede creer que no puede confiar en nadie o que todo le sale mal pero esto no tiene por qué ser así necesariamente (nada es totalmente blanco o negro, además). O alguien puede interpretar un gesto de otra persona como de rechazo y equivocarse en su apreciación. En otras palabras, una cosa es lo que uno piensa o se dice a sí mismo/a en una situación determinada, y otra cómo “es” esa situación o cómo la puede interpretar otra persona.
  • Muchos de los problemas que tenemos son debidos a un procesamiento sesgado de la información, provocado por creencias erróneas, exageradas o demasiado rígidas y que, a su vez, son en gran parte producto de carencias o conflictos de nuestra infancia.. Y ello nos induce a reaccionar erróneamente ante determinadas situaciones, con actitudes y comportamientos desacertados que nos confunden y bloquean y, con frecuencia, nos encierran en un círculo vicioso del que resulta difícil salir.
  • El “antídoto” sería una especie de psicoeducación que nos permita encontrar creencias y conductas alternativas a aquellas que más nos perjudican. Ampliaré todo esto en otro apartado.

Permitidme que finalice con un cuento:

Había una vez… unos ciegos que yendo por una carretera polvorienta, y guiados por un amable caballero que les hacía las veces de guía, se encontraron de pronto con un elefante, animal del que no tenían conocimiento alguno.

El guía les sugirió que palparan el animal y que, a través de sus sensaciones, describieran cómo era. Llenos de alegría, los ciegos se acercaron al enorme animal y lo tocaron. Al cabo de un instante, el elefante, irritado, se marchó corriendo.

Entusiasmados, los ciegos describieron su experiencia. Uno de ellos, que había palpado una pata del paquidermo exclamó: “oh, el elefante es una bestia maravillosa, es como un gran árbol, pero fuerte como una roca” No, replicó el segundo que había tocado la trompa: “el elefante es como una gran serpiente que se mueve lentamente hacia atrás y hacia adelante”. “Imposible!”, gritó otro que había tocado la oreja del animal: “el elefante es como una enorme hoja de árbol, amplia y delgada”. El cuarto, a su vez, recordando la cola del elefante, dijo: “era un animal en forma de rama, largo y delgado”. El quinto, no acorde con las explicaciones de los demás, Protestó: “no, es como un enorme muro”, ya que había palpado el elefante por el costado.

Y los cinco ciegos, entraron en una violenta discusión sobre cuál era la naturaleza de los elefantes hasta que, finalmente, molestos y decepcionados por la “ignorancia” de los demás, cada uno tomó diferentes direcciones y no se volvieron a hablar.

En conclusión, la realidad se puede interpretar de múltiples maneras:. Procuremos que esa interpretación se ajuste lo máximo posible a la realidad, y que nos ayude a gestionar los problemas de forma eficaz. Y revisemos aquellas creencias antiguas que necesitan una actualización.

Bibliografía recomendada:

  • La inutilidad del sufrimiento, de María Jesús Álava-Reyes.

NOTA IMPORTANTE: Elblogdejoseplanas ha pasado a llamarse Psicologiayautoayuda.blog. Eso no afecta a la suscripción. 

 

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