¿Por qué no puedo dejar de preocuparme?

Los pensamientos son, a veces, como los niños maleducados, cuanta más atención se les presta peor se comportan.

Según la llamada “terapia metacognitiva”, el origen de muchos problemas psicológicos se debe a:

  • Un estilo de pensamiento estéril, improductivo:

    • Centrado en lo negativo y caracterizado or preocupaciones y rumiaciones (pensamientos repetitivos) acerca de temas que inquietan y desestabilizan a la persona y que pueden variar de un dia a otro, de un momento a otro o ser más o menos regulares. Por ejemplo, algo que crea que podría salir mal o que le/la haga sentir culpable, un hecho del pasado que le lleve a recuerdos desagradables, algo que cree que no tenía que haber dicho o hecho, un problema que no sabe cómo resolver, un sentimiento de rabia o indignación hacia algo o alguien… Pueden ser muchas cosas, pero a todas ellas se les da vueltas y vueltas, esa es la pauta común.
    • En que la persona da prácticamente la misma validez y fiabilidad a sus pensamientos, emociones o sensaciones internas que a las informaciones que le llegan del exterior. Es decir, no es consciente de que sus pensamientos no son necesariamente objetivos, que lo que piensa o siente no tiene por qué coincidir con la realidad, cualquiera que ésta sea en un momento dado. Por ejemplo, que una persona crea que la vida la ha tratado injustamente o que fulanito o menganito le rechaza, etc. no significa necesariamente que sea así. O que una persona sienta tristeza, no implica tampoco de forma obligada que esté viviendo una situación triste. Lo que una persona piense o sienta en un momento dado puede estar basado en interpretaciones erróneas, distorsionadas o incompletas.
  • Una mala gestión de los problemas, que tiende a agravarlos con el uso de estrategias ineficaces a partir de creencias erróneas sobre cómo funciona el mundo y, aobre todo, sobre cómo se supone que debe funcionar la mente. Por ejemplo, si uno cree que sentir determinadas emociones o deseos, o tener ciertos pensamientos, es algo totalmente inaceptable y, como consecuencia de ello se esfuerza en suprimirlas/los a toda costa, con toda probabilidad los va a exacerbar o/y va a crear nuevos problemas (añadir un sentimiento de culpa, etc.). Más concretamente, imaginemos que una persona cree que “hay que ser fuerte” y que ciertas emociones (miedo, tristeza, etc.) son inapropiadas y revelan un carácter débil. Intentar suprimirlas en situaciones en que sería legítimo sentirlas (pongamos, sentir miedo ante una situación peligrosa) le llevará a una mala gestión del problema (infravalorar el peligro, por ejemplo).

Algunas de las creencias que sustentan esa mala gestión son explícitas (la persona es plenamente consciente de ellas) y otras implícitas (la persona no es consciente). Por ejemplo, uno puede darse cuenta de que le da vueltas a todo, pero no de que piensa que para sentirse seguro/a debe controlarlo todo. Hay cosas que somos capaces de ver en nosotros mismos, otras que percibimos a medias y otras que no percibimos en absoluto. Muchas veces, se deducen de cómo actuamos.

En suma, la terapia metacognitiva (a diferencia de la cognitiva) pone el énfasis en la manera en que procesamos los eventos mentales (pensamientos, emociones, sensaciones) más que en nuestras interpretaciones de la realidad. Es decir, el problema no sería tanto pensar X o Y en un momento determinado, sino creer, por ejemplo, que es inaceptable pensar tal cosa y esforzarnos en suprimir ese pensamiento cómo sea, en lugar de analizarlo y ver qué me indica o cómo puedo reinterpretar la situación que me lo provoca.

De todas maneras, me parece difícil separar categóricamente una cosa de la otra ya que todo va unido a ciertas creencias que hemos introyectado (asimilado).

RESUMEN:

Muchos problemas psicológicos se deben a:

Centrarnos en lo negativo y darle vueltas de forma obsesiva, como si de esta manera pudiéramos reconstruir, evitar o cambiar algo que nos preocupa. La mayoría de veces, lo único que se consigue es avivar el malestar.

Creernos demasiado el relato que nos hacemos de la situación que nos preocupa. Es decir, quedarnos  atrapados en nuestro propio discurso mental, mirar más hacia adentro que hacia afuera de nosotros mismos, convencidos de que  “si yo lo pienso o siento de esta manera, es que es así; mi manera de verlo es más fiable que cualquier otro dato o información del entorno que me pueda llegar”.

El uso de estrategias ineficaces para resolver los problemas que, en muchos casos, puede incluso agravarlos. Y que pueden ser:  a) externas (formas de actuar), o    b) internas (por ejemplo, intentar no sentir algo que siento). La terapia metacognitiva parece focalizarse más en las internas y que, ciertamente, pueden pasar desapercibidas más fácilmente ya que no son visibles más que de forma indirecta (a través de las conductas, síntomas o estados de humor que provocan).

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